Armas, dinero, sangre y silicona: El asesinato de “La Matute”

¿Seguirás creyendo en la ausencia de la inteligencia de las rubias?

Desde hacía varios años, la Inteligencia  Nacional estaba tras la pista de un narcotraficante del cual nadie había podido dar un retrato hablado o un indicio de su paradero. No era simple localizar aquella figura puesto que sus negocios los hacía por teléfono. Si te llamaba y te contrataba para matar a alguien, tenías que hacerlo. Esa misma llamada la podía hacer miles de veces, a otros sicarios, y acabar con tu familia.

La costa panameña se caracteriza por su innumerable belleza femenina, pero había una mujer que sobresalía entre todos los pobladores: La Matute, su apodo no era el más hermoso de todo el caserío, pero su físico y su actitud hacían que la gente la mirara aún cuando no querían. Delgada, alta, senos y trasero de silicona, cabello rubio y ojos azules. Era imposible no virar el cuello y observar aquella esbelta figura.

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Cortesía: taringa.net

Desde los 15 años estuvo implicado en la delincuencia, a los 18 ya tenía dos arrestos y había pasado tres meses en la cárcel. Nació en Panamá pero al cumplir la mayoría de edad, logró, a través del amigo de un amigo, irse a Venezuela. En el país caribeño consiguió empleo en un restaurante y a los 21 era modelo de revista. José, que ahora era Sara, fue reuniendo dinero y, tras un exhaustivo y largo proceso hormonal, logró convertirse en lo que había querido siempre: una mujer completa. Su sueño era regresar a su país de nacimiento y trabajar como imagen estándar para las personas con las mismas perspectivas de vida. Pero al volver, la realidad fue otra. Su pueblo no era el mismo, ya estaba más civilizado y la población era mayor. Durante los cinco años que estuvo fuera de su patria, no dio indicios de vida a su familia y pensaron que había muerto, e incluso después de cierto tiempo, nadie lo volvió a recordar como José. Y es que en realidad, José ya no existía.

Aunque le surgieron varias propuestas como reina de belleza, Sara no consiguió un empleo que, fácilmente, le aportara la cantidad de dinero suficiente para mantener su cuerpo y rápidamente volvió a su vida anterior: La delincuencia.

Sus negocios los hacía con los clientes de antaño, los que tenía cuando era José. Era imposible resistirse a hacer transacciones con aquella monumental mujer. Los clientes llegaban rápidamente, pero ella quería algo grande y para ello contrató a un centenar de sicarios que inmediatamente fueron acabando con cada uno de los miembros del cartel. Ahora el capo era una mujer.

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cortesía: http://www.interglobales.com

Se percató de sobornar a la policía nacional y de comprar la mayor cantidad de políticos posibles. Su realidad solo la sabían un pequeño grupo de socios y su esposo Adalberto, un parlamentario de los más corruptos y millonarios de la nación.

Cortesía: http://www.publimetro.pe

Sara a los 25 años era una de las figuras más emblemáticas de la región. En navidad se camuflaba a través de la imagen de su marido y hacía regalos a los más pobres. En realidad era ella, a través de sus negocios, quien compraba toneladas de juguetes para los niños. En un momento se llegó a pensar que se lanzaría a un cargo político, ¡Pero no! su vida de negocios no la cambiaría por nada, porque le había dado todo lo que quería y a medida que pasaba el tiempo,  tenía cada vez más poder.

En ningún momento de su vida se vio inmersa en las drogas o en el alcohol. Siempre estaba sobria y radiante a cualquier hora del día. Con sus documentos venezolanos logró viajar a innumerables países en compañía de su esposo y una amiga, Rebeca, otra transgenero que conoció mientras trabajó un par de noches en un bar de la cuidad capital y en quien había depositado cierto nivel de confianza.

Algunas veces Rebeca había tenido roces con Adalberto, pero nada de qué preocuparse. Una noche decidieron ir a una fiesta los tres y, después de varias cervezas y una botella de whisky, Sara se embriagó y se durmió. Adalberto aprovechó y pasó la noche con Rebeca. Ambos habían engañado a Sara.

red-dress La mañana siguiente, Rebeca recogió sus cosas en la mansión de Sara y se fue muy temprano. Esa semana no se supo nada de ella hasta el domingo siguiente que la encontraron muerta en una alcantarilla. Había sido violada, estrangulada y su cara había sido quemada con un tipo de ácido que se utiliza en las baterías de los carros.  La Matute contrató nuevamente su grupo de matones pero ésta vez ella los acompañó para buscar y asesinar a la traidora.

Semanas después de lo sucedido, el grupo de Inteligencia logró dar con el paradero de aquel narcotraficante que habían buscado desde hace mucho tiempo y para sorpresa de ellos, era una mujer. Tenían direcciones, números de teléfono y correos electrónicos. Además la fuente de información había aportado fotos y grabaciones de audio que no solo implicaba a “la capo”, sino a políticos de altura y a jefes de la policía nacional.

Cortesía: www.eltiempolatino.com
Cortesía: http://www.eltiempolatino.com

Alguien había entregado a Sara a las autoridades,  estaban cerca y le seguian los pasos.

Era mitad de semana y, ese miércoles, como era de costumbre, La Matute montó  su Cadillac del año  y se dirigió hasta un centro comercial. Todo estaba planeado para agarrarla y meterla presa. A Sara no le fallaba un revolver Taurus 357 dentro de la cartera, listo para disparar. No se iba a dejar agarrar así de fácil y preferiría morir antes que ir de nuevo a la cárcel.

El grupo de inteligencia rodeó la tienda donde estaba Sara comprando unos tacones y dieron la voz de alto. Ella, a sabiendas de lo que podía suceder, abrió fuego e hirió a uno de los policías. El personal del local salió rápidamente del lugar y Sara, La Matute, estaba prácticamente sola en el sitio. El centro comercial lo habían desalojado anteriormente con mucha discreción.

Nuevamente se abrió una ráfaga de disparos, pero esta vez fue por más tiempo.  De pronto alguien gritó: “alto, está muerta”. El silencio se apoderó del lugar por algunos segundo y los oficiales se acercaron hasta el sitio donde yacía el cuerpo sin vida de Sara. Ahí estaba, tendida en el suelo con un disparo que le explotó una de las prótesis mamarias y pasó al corazón, otro en la cabeza y un último en la pierna derecha. Tenía un vestido color rojo que hacía de camuflaje con la sangre y unos tacones negros, una cartera Carolina Herrera y en la mano derecha estaba el arma.

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Cortesía: http://www.www.beevoz.com

Rebeca, en aras de saber que La Matute se vengaría de su traición, entrego a un jefe del grupo de inteligencia un sobre con nombres y apellidos del jefe y de los miembros del cartel más grande de David, en Chiriquí, Panamá.

Así fue como una traición acabó con la vida de una de las narcotraficantes más grandes de todos los tiempos. La Matute será recordada por muchos y aunque unos la odiarán, otros llorarán su muerte hasta el fin de los tiempos.

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