Bajo la lluvia

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Las gotas peleaban por traspasar aquel escudo verde que protegía la cabeza de quienes se encontraban en aquella casa. Rafael, Carolina, Ramón y Jesús hipnotizados frente al televisor perdieron la noción del tiempo, faltaban minutos para la medianoche.

Al sonar las doce campanadas, un trueno los saca de  aquel estado inmóvil, la luz se ha ido, pero rápidamente  la televisión es suplantada por una conversación que comienza por política y luego de un largo paseo llega a los mitos del pueblo olvidado por Dios. La lluvia no cesa.

Las risas se fundían con el sonido de las gotas que resbalaban por el techo, la vela se desgastaba al ritmo de las leyendas que se repiten en aquellas noches de oscuridad,noches en que la luna se esconde para no escucharlas.

Un relámpago alumbró la carretera desierta, solo se vio la figura de una infante que caminaba en círculos, la imagen distorsionada por un paraguas que cubría el rostro de aquella sombra abrió paso al terror.

Ramón, Carolina, Rafael y Jesús comenzaron a sentir los síntomas característicos, manos sudadas, rostros pálidos,pieles erizadas y los corazones queriendo huir de sus cuerpos.

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Minutos después, deja de escucharse la lluvia. Olga, quien se encontraba cerca del lugar, camina hacia su casa, ubicada enfrente de donde aquel espectro hacía su recorrido.

Los jóvenes admiraban la valentía de Olga, quien  en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba  intercambiando palabras con el misterioso ser. Aquel  cuerpo pequeño desapareció en una casa de dos pisos, algunos metros más allá del aposento donde todas las noches  se reunían los muchachos.

Bruja o loca, nadie sabía cómo definir a Olga (conocida en el pueblo por saber más de lo necesario de la vida de sus vecinos), una carcajada y tres palabras salieron de su boca:¡Cuerda e’ cobardes!

Nadie sabía lo que sucedía, hasta que Olga en medio de risas les contó que aquel “espectro” no venía del más allá, venia de la bodega de la esquina buscándole shampoo a su mamá, quien en medio de la lluvia olvidó que su hija de 6 años se encontraba fuera de su casa, cerrando la puerta para que el agua no se metiera.

Desde aquel momento, Ramon, Jesus,Carolina y Rafael dejaron de contar historias terroríficas, sin embargo aún recuerdan el chasquido en la carretera que les erizó la piel aquella noche mojada.

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