Ana María: la mujer de un “Pran” venezolano

La palabra “Pran” viene de Puerto Rico. Allá siempre se ha usado en los penales y de una u otra forma está aquí desde 1995, cuando empezó a verse ese fenómeno de los líderes en las cárceles venezolanas. El que se dejara respetar y trajera un buen prontuario de la calle, era el Pran.

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Cortesía: elimpulso.com

El sueño de cualquier mujer es casarse y tener una familia. Una familia segura, donde los hijos se sientan protegidos y cuidados por sus progenitores. Para la mujer de un carcelario, el sueño es que su hombre salga del penal, que pise suelo fuera de la cárcel y que se mantenga con vida el mayor tiempo posible cundo está en libertad.

La historia de Ana María comienza como cualquier niñita de 6 años que juega a las muñecas con sus primas y que cada una tiene un enamorado en la escuela. Desde siempre, desde que se conoce, el amor de ella había sido Carlos Eduardo, pero él no lo sabía.  El tiempo fue pasando y ambos siguieron en la misma escuela durante mucho tiempo, pasaron primaria y secundaria juntos. Ana terminó su bachillerato pero el embarazo no la dejó entrar a la universidad. Carlos Eduardo la había conquistado y ella, sin pensar mucho, se entregó en cuerpo y alma.

Desde hacía tiempo, Carlos estaba inmiscuido en negocios de tráfico de armas y drogas. En el barrio, poco a poco, fue agarrando fama y aunque era muy joven, logró adueñarse del cerro rápidamente. Unos cuantos muertos, algunos robos a mano armada y el asalto de un banco serían el prontuario perfecto para ser bien recibido cuando llegase a un penal.

En diciembre de 2002, Carlos estaba en la fiesta del bautizo de su segundo hijo, en un descuido fue interceptado por un grupo de inteligencia de la policía Metropolitana y, con una orden emanada por el Ministerio Publico la misma noche del robo a un banco, fue esposado sin refutar alguna de las palabras que hacía el comisario de la policía. Sabía que tenía que calmarse porque venían a llevárselo vivo o muerto, pero no lo iban a dejar escapar tan fácilmente. Nadie se sorprendió, nadie se defendió y esa noche fueron arrestados otros 15 delincuentes junto con Ana María y Carlos.

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Cortesía:abogadadralilianaromeroyasociados.blogspot.com

En un conocido centro penitenciario de Venezuela,  Carlos Eduardo fue recibido por el Pran y éste le cedió su puesto, fue elogiado por los reclusos del penal y rápidamente agarró el volante (a los penales se les llama “carro” y cuando un pran toma el mando, se dice que agarró el “volante”). La mujer del nuevo líder del penal no corrió con la misma suerte.

Poco después de su detención, Ana fue acusada por los delitos de encubrimiento agravado y aprovechamiento de cosas provenientes del delito; gracias a ello, se le aprobó una pena de cuatro años en la cárcel de mujeres. Al llegar al penal se sintió desprotegida y debía hacer lo que le ordenaran, pero eso cambiaría en poco tiempo. En un riña colectiva en el patio del penal, Ana logró acuchillar varias veces a la líder del recinto y ella tomó ese puesto. Ahora los esposos eran líderes en diferentes cárceles del país.

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cortesía: RunRun.es

Esta es la entrevista realizada a Ana María un día de visita (los nombres de todas las personas fueron cambiados por desición de los entrevistados):

¿Sabes por qué estás aquí?

-¡Claro!, yo no soy loca. Carlitos hacía cosas malas y yo siempre le tapé sus sucieras-.

¿Qué piensas hacer cuando salgas?

-Buscar a la puta que nos vendió y cortarle la cabeza-.

¿Mucho Odio?

-Si, ella hizo que me separaran de mis hijos –

¿Has visto a tus hijos estando aquí dentro?

-Sí, pero no me gusta que me los traigan. Aquí hay mucha gente fea (risas)-.

¿Has matado aquí dentro?

-Soy la mujer del pran de otro penal, me tengo que hacer respetar pero no me ensucio las manos con la basura que hay aquí. Para eso están las muchachas que están conmigo…-.

¿Cuántas mujeres están contigo dentro del panal. cuantas siguen tus reglas?

-Todas siguen mis reglas, pero tengo las suficientes como para armar una redada cuando se me dé la gana. Cuando salga de aquí voy a buscar a la familia de la directora del penal y los voy a quemar a todos. Esa (la directora) es una perra, ella es más corrupta que todos los políticos juntos-.

¿Qué piensa tu familia de ésta situación?

-Ellos aprobaron todo hasta el día que nos metieron presos a Carlos y a mí. Ya no los mantenemos a todos y por eso es que están molestos. Vienen a visitar cuando les da la gana-.

¿Qué sabes de tu esposo?

-Solo sé que está bien, él se ha hecho respetar y aquí me respetan porque soy su mujer-.

¿Fuiste tú quien mató a la otra líder de este penal?

Entre risas y un sublime gesto de desaprobación, Ana explica. ››No fui yo. Fuimos todas las reclusas a las que humilló y pisoteó. Esa puta está en la quinta paila del infierno. Su familia ha venido a visitarme y una hermana de ella dijo que está esperando a que yo salga para quemarme la cara con ácido y yo estoy esperando salir pa´ ver que es lo qué‹‹.

¿Matarías por tu familia?

-A cualquiera que se meta con lo mío. Supe de unas cuantas hembras que están aquí conmigo y que habían salido con mi esposo. A ellas les ha ido muy mal (risas)-.

¿Te encargas de las armas que hay aquí dentro?

-Casi todo lo manejo yo. Incluso a veces mato tigre por ahí afuera (hace negocios fuera del penal)-.

¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando te dicen “muerte”?

-Mis hijos. No los quiero dejar solos y por eso mi esposo y yo nos hacemos respetar-.

Pero…  el que ustedes se hagan respetar significa que cada vez más tengan más enemigos ¿eso no te preocupa?

-Pues… si, ¿pero que más se hace?-.

¿Puedo ver las celdas? 

-Eso no es conmigo. Primero debo consultar con las demás para que no veas algo que no debas ver-.

¿Algo cómo qué?

La caleta… ¿sabes?… Donde tenemos nuestras cosas-.

¿Qué cosas?

-¡Ahhh pues, muñeco!. Mientras menos sepas es mejor… Hay cosas que no se pueden responder a la gente que está afuera-.

¿Te hace falta estar afuera?

-Por una parte si… porque afuera están mis hijos y afuera tengo que hacer muchas cosas. Pero por otra parte no… si salgo voy es a matar gente como loca-.

¿Te arrepientes de lo que has hecho?

Una tenue lágrima rodó por su mejilla pero su voz se mantenía firme y gruesa. ››No, siempre quise estar con Carlos y éste es el precio que me tocó pagar por el‹‹.

¿En pocas palabras, cómo te defines?

-No sabría que decirte, simplemente… soy la mujer del pran-.

Cortesía: marcelanoriega.wordpress.com
Cortesía: marcelanoriega.wordpress.com

Durante el poco tiempo que estuve con ella, me di cuenta que es una mujer que ha pasado por cosas duras y que le ha tocado enfrentar situaciones difíciles a lo largo de su vida. Aunque se mantiene en muy buena forma físicamente, comprendí que su estado de dureza e inflexibilidad son solo mecanismos de defensa.A lo largo de la conversación no dejó de mencionar a sus hijos. No le dejaron de brillar los ojos pero su voz se hacía más firme con cada pregunta.

Aunque se les llama “centros de rehabilitación y de educación”, existen muy pocas probabilidades de que un recluso venezolano salga regenerado de uno de esos sitios infrahumanos donde sobreviven entre materia fecal y malos olores, entre riñas y donde cada quien sobrevive como puede. Ir de visita, hacer esa entrevista y estar ahí dentro, me ayudo a recapacitar y a dar gracias a Dios por las cosas buenas.

La realidad en las cárceles venezolanas es lo más parecido a un infierno. Lo que hayas podido ver u oír, es solo la punta del iceberg. lo que está intramuros no tiene explicación.

Cortesía: j98fm.com
Cortesía: j98fm.com

Armas, dinero, sangre y silicona: El asesinato de “La Matute”

¿Seguirás creyendo en la ausencia de la inteligencia de las rubias?

Desde hacía varios años, la Inteligencia  Nacional estaba tras la pista de un narcotraficante del cual nadie había podido dar un retrato hablado o un indicio de su paradero. No era simple localizar aquella figura puesto que sus negocios los hacía por teléfono. Si te llamaba y te contrataba para matar a alguien, tenías que hacerlo. Esa misma llamada la podía hacer miles de veces, a otros sicarios, y acabar con tu familia.

La costa panameña se caracteriza por su innumerable belleza femenina, pero había una mujer que sobresalía entre todos los pobladores: La Matute, su apodo no era el más hermoso de todo el caserío, pero su físico y su actitud hacían que la gente la mirara aún cuando no querían. Delgada, alta, senos y trasero de silicona, cabello rubio y ojos azules. Era imposible no virar el cuello y observar aquella esbelta figura.

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Cortesía: taringa.net

Desde los 15 años estuvo implicado en la delincuencia, a los 18 ya tenía dos arrestos y había pasado tres meses en la cárcel. Nació en Panamá pero al cumplir la mayoría de edad, logró, a través del amigo de un amigo, irse a Venezuela. En el país caribeño consiguió empleo en un restaurante y a los 21 era modelo de revista. José, que ahora era Sara, fue reuniendo dinero y, tras un exhaustivo y largo proceso hormonal, logró convertirse en lo que había querido siempre: una mujer completa. Su sueño era regresar a su país de nacimiento y trabajar como imagen estándar para las personas con las mismas perspectivas de vida. Pero al volver, la realidad fue otra. Su pueblo no era el mismo, ya estaba más civilizado y la población era mayor. Durante los cinco años que estuvo fuera de su patria, no dio indicios de vida a su familia y pensaron que había muerto, e incluso después de cierto tiempo, nadie lo volvió a recordar como José. Y es que en realidad, José ya no existía.

Aunque le surgieron varias propuestas como reina de belleza, Sara no consiguió un empleo que, fácilmente, le aportara la cantidad de dinero suficiente para mantener su cuerpo y rápidamente volvió a su vida anterior: La delincuencia.

Sus negocios los hacía con los clientes de antaño, los que tenía cuando era José. Era imposible resistirse a hacer transacciones con aquella monumental mujer. Los clientes llegaban rápidamente, pero ella quería algo grande y para ello contrató a un centenar de sicarios que inmediatamente fueron acabando con cada uno de los miembros del cartel. Ahora el capo era una mujer.

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Se percató de sobornar a la policía nacional y de comprar la mayor cantidad de políticos posibles. Su realidad solo la sabían un pequeño grupo de socios y su esposo Adalberto, un parlamentario de los más corruptos y millonarios de la nación.

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Sara a los 25 años era una de las figuras más emblemáticas de la región. En navidad se camuflaba a través de la imagen de su marido y hacía regalos a los más pobres. En realidad era ella, a través de sus negocios, quien compraba toneladas de juguetes para los niños. En un momento se llegó a pensar que se lanzaría a un cargo político, ¡Pero no! su vida de negocios no la cambiaría por nada, porque le había dado todo lo que quería y a medida que pasaba el tiempo,  tenía cada vez más poder.

En ningún momento de su vida se vio inmersa en las drogas o en el alcohol. Siempre estaba sobria y radiante a cualquier hora del día. Con sus documentos venezolanos logró viajar a innumerables países en compañía de su esposo y una amiga, Rebeca, otra transgenero que conoció mientras trabajó un par de noches en un bar de la cuidad capital y en quien había depositado cierto nivel de confianza.

Algunas veces Rebeca había tenido roces con Adalberto, pero nada de qué preocuparse. Una noche decidieron ir a una fiesta los tres y, después de varias cervezas y una botella de whisky, Sara se embriagó y se durmió. Adalberto aprovechó y pasó la noche con Rebeca. Ambos habían engañado a Sara.

red-dress La mañana siguiente, Rebeca recogió sus cosas en la mansión de Sara y se fue muy temprano. Esa semana no se supo nada de ella hasta el domingo siguiente que la encontraron muerta en una alcantarilla. Había sido violada, estrangulada y su cara había sido quemada con un tipo de ácido que se utiliza en las baterías de los carros.  La Matute contrató nuevamente su grupo de matones pero ésta vez ella los acompañó para buscar y asesinar a la traidora.

Semanas después de lo sucedido, el grupo de Inteligencia logró dar con el paradero de aquel narcotraficante que habían buscado desde hace mucho tiempo y para sorpresa de ellos, era una mujer. Tenían direcciones, números de teléfono y correos electrónicos. Además la fuente de información había aportado fotos y grabaciones de audio que no solo implicaba a “la capo”, sino a políticos de altura y a jefes de la policía nacional.

Cortesía: www.eltiempolatino.com
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Alguien había entregado a Sara a las autoridades,  estaban cerca y le seguian los pasos.

Era mitad de semana y, ese miércoles, como era de costumbre, La Matute montó  su Cadillac del año  y se dirigió hasta un centro comercial. Todo estaba planeado para agarrarla y meterla presa. A Sara no le fallaba un revolver Taurus 357 dentro de la cartera, listo para disparar. No se iba a dejar agarrar así de fácil y preferiría morir antes que ir de nuevo a la cárcel.

El grupo de inteligencia rodeó la tienda donde estaba Sara comprando unos tacones y dieron la voz de alto. Ella, a sabiendas de lo que podía suceder, abrió fuego e hirió a uno de los policías. El personal del local salió rápidamente del lugar y Sara, La Matute, estaba prácticamente sola en el sitio. El centro comercial lo habían desalojado anteriormente con mucha discreción.

Nuevamente se abrió una ráfaga de disparos, pero esta vez fue por más tiempo.  De pronto alguien gritó: “alto, está muerta”. El silencio se apoderó del lugar por algunos segundo y los oficiales se acercaron hasta el sitio donde yacía el cuerpo sin vida de Sara. Ahí estaba, tendida en el suelo con un disparo que le explotó una de las prótesis mamarias y pasó al corazón, otro en la cabeza y un último en la pierna derecha. Tenía un vestido color rojo que hacía de camuflaje con la sangre y unos tacones negros, una cartera Carolina Herrera y en la mano derecha estaba el arma.

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Rebeca, en aras de saber que La Matute se vengaría de su traición, entrego a un jefe del grupo de inteligencia un sobre con nombres y apellidos del jefe y de los miembros del cartel más grande de David, en Chiriquí, Panamá.

Así fue como una traición acabó con la vida de una de las narcotraficantes más grandes de todos los tiempos. La Matute será recordada por muchos y aunque unos la odiarán, otros llorarán su muerte hasta el fin de los tiempos.